Malvinas volvió al centro de la conversación pública, pero para el profesor Héctor Ortega no alcanza con el renovado discurso soberanista del gobierno de Javier Milei. El referente de la Fundación Soberanía y Memoria propuso en La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia, mirar mucho más allá de las declaraciones presidenciales y de las efemérides: la explotación petrolera, la pesca, la plataforma continental, la presencia de potencias extranjeras y los intereses geopolíticos que atraviesan al Atlántico Sur. Y, sobre todo, cuestionó que el Gobierno presente como nuevas algunas iniciativas que, según señaló, ya existían o estaban en marcha antes de su llegada.
Para explicar por qué Malvinas vuelve a aparecer en la agenda internacional, Ortega hizo un recorrido que enlazó acontecimientos aparentemente distantes. Habló de la posición del Reino Unido frente al conflicto en Gaza, de su relación con Estados Unidos y de la disputa por los recursos del Atlántico Sur, para llegar a las islas y a la explotación petrolera. En ese recorrido ubicó a las empresas Rockhopper, Equinor y Navitas y recordó que la búsqueda de petróleo en la zona no comenzó ahora. También puso el foco en la pesca y en las licencias otorgadas desde las islas, que cuestionó por considerar que se desarrollan dentro de un territorio que Naciones Unidas reconoce como colonial.
El relato de Ortega volvió entonces sobre la historia argentina reciente y sobre decisiones de distintos gobiernos. Recordó que durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se denunció ante el CIADI a empresas vinculadas con la exploración petrolera en Malvinas y sostuvo que esa acción interrumpió entonces la actividad. Luego señaló que durante el gobierno de Mauricio Macri, al modificarse el esquema de retenciones mineras, aquella denuncia perdió sustento. También marcó una contradicción que, según dijo, debe ser asumida incluso por quienes forman parte del mismo espacio político: Equinor, cuestionada durante el kirchnerismo por su actividad en Malvinas, fue posteriormente habilitada durante el gobierno de Alberto Fernández para realizar exploraciones frente a Mar del Plata. “También tenemos que asumir aquellos que somos compañeros que cometemos errores”, planteó.
En ese punto, el discurso de Milei aparece como una continuidad problemática y no como una ruptura. Recordó que Cristina había presentado en 2013 el proyecto Pampa Azul y que durante ese Gobierno se había contratado al buque Coriolis para estudiar la plataforma continental y conocer el potencial del mar argentino. Por eso, cuando el actual Presidente anuncia iniciativas vinculadas con el mar, la defensa o Malvinas, Ortega cuestiona que sean presentadas como descubrimientos recientes. “Vamos a sancionar a las empresas: una ley que existe desde 2010. Voy a crear un comité de seguridad: ¿qué existe?”, planteó. Y lo mismo señaló respecto de la base naval integrada de Ushuaia, cuya construcción, según explicó, ya estaba proyectada y había comenzado con fondos del FONDEF antes de que el actual Gobierno retomara el tema públicamente.
La denuncia se hizo todavía más dura cuando Ortega vinculó esas decisiones con la política exterior de Milei. Según su interpretación, el renovado interés presidencial por Malvinas no responde necesariamente a un cambio profundo en la política soberana argentina, sino a un reacomodamiento frente a Estados Unidos y Donald Trump. En ese contexto cuestionó también la presencia de marinos estadounidenses en Ushuaia y planteó interrogantes sobre la autorización para la presencia de tropas extranjeras en territorio argentino. “Cuando hablamos de Malvinas y cuando hablamos de estas intencionalidades de Milei, es más para dar el gusto a Trump”, sostuvo, antes de contraponer esa lectura con lo que considera el verdadero núcleo del reclamo argentino: la soberanía sobre las islas.
Para Ortega, allí está la diferencia entre la causa Malvinas, ligada a la memoria, los sentimientos y la experiencia de la guerra, y la cuestión Malvinas, que refiere específicamente a la disputa de soberanía. Y pidió no reducirla a consignas. “La cuestión Malvinas no es una charla de café donde cualquier sanatero puede hablar”, afirmó. En su planteo, discutir Malvinas exige conocer tanto los argumentos argentinos como los británicos y revisar una historia que incluye el gobierno criollo de las islas, el izamiento de la bandera argentina en 1820, la designación de Luis Vernet como gobernador y la expulsión de las autoridades argentinas en 1833. También recordó que antes de la intervención británica estuvo el ataque de la fragata estadounidense Lexington, un dato que utilizó para señalar que Estados Unidos forma parte de la historia de la disputa desde mucho antes del escenario actual.
El recorrido terminó de llevar la discusión hacia el presente. Ortega sostuvo que los actores centrales de la cuestión Malvinas en 2026 vuelven a ser Argentina, Reino Unido y Estados Unidos y puso en duda que Washington esté dispuesto a alterar su relación estratégica con Londres. Desde esa perspectiva, interpretó el actual discurso presidencial como una herramienta de política internacional más que como una modificación sustancial de la posición argentina. “Es una moneda para extorsionar en lo inmediato”, afirmó. Pero, al mismo tiempo, reivindicó la necesidad de estudiar la cuestión por fuera de las coyunturas políticas y de los intereses de cada gobierno.
"Hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres". Con esa frase, Lucrecia Cabrera, licenciada en Economía egresada de la Universidad de Pinar del Río, en Cuba, y docente en la escuela Héroes Latinoamericanos, del Barrio Mate Cosido, definió qué significa formarse como economista en la isla. Y no se guardó el resto: "también tiene un tinte ideológico bien marcado". La charla, en La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia ocurrió a cien años del nacimiento de Fidel Castro, una conversa algo más ambiciosa que una efeméride: pensar qué queda del líder cuando se lo separa del mito y se lo mete de nuevo en la historia que lo produjo.
"Hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres". Con esa frase, Lucrecia Cabrera, licenciada en Economía egresada de la Universidad de Pinar del Río, en Cuba, y docente en la escuela Héroes Latinoamericanos, del Barrio Mate Cocido, definió qué significa formarse como economista en la isla. Y no se guardó el resto: "también tiene un tinte ideológico bien marcado". La charla, en La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia ocurrió a cien años del nacimiento de Fidel Castro, una conversa algo más ambiciosa que una efeméride: pensar qué queda del líder cuando se lo separa del mito y se lo mete de nuevo en la historia que lo produjo.
La dirigente migrante Lourdes Rivadeneyra, referente nacional de la Red de Migrantes y Refugiados en Argentina, describió en La Cabeza y el Sombrero de Radio Independencia, un escenario marcado por la polarización y la incertidumbre en las elecciones peruanas. Según explicó, la definición electoral podría demorarse hasta el 15 de julio debido a la revisión de actas observadas y al conteo de votos emitidos por peruanos residentes en el exterior. Pero detrás de los plazos institucionales aparece una pregunta más inquietante: cómo es posible que el fujimorismo continúe siendo una de las principales fuerzas políticas de un país que todavía arrastra las heridas de aquella etapa.
La diputada provincial Analía Flores advirtió sobre una continuidad histórica de injerencias de Estados Unidos en América Latina y vinculó la situación actual de Venezuela con una lógica regional de disciplinamiento político y control de recursos. En un análisis político, sostuvo que “lo que ocurre hoy en Venezuela no es un hecho aislado”, y afirmó que persisten mecanismos similares a los del Plan Cóndor, “reciclados bajo discursos de democracia y orden”.
La directora de la licenciatura en Estudios Internacionales de la UNCAUS, Lía Rodríguez de la Vega, reflexionó en La cabeza y el sombrero de Radio Independencia, sobre el triunfo de Zohran Mamdani en Nueva York, el rol de las nuevas generaciones en la política global y las tensiones entre narrativas colectivas e individualistas que atraviesan el planeta. Con una mirada expectante y mesurada, Rodríguez de la Vega advirtió sobre la necesidad de repensar las herramientas políticas tradicionales frente a electorados que se renuevan.