El Paraná vuelve a quedar en el centro de una discusión tan antigua como vigente: quién controla la principal vía de salida de las riquezas argentinas. Mientras el Gobierno nacional avanza hacia la adjudicación de una nueva concesión para el dragado y la administración de la denominada Hidrovía, organizaciones sociales, especialistas y referentes vinculados a la defensa de los recursos estratégicos advierten que detrás de una licitación técnica se juega una disputa mucho más profunda, asociada a la soberanía, el ambiente y el comercio exterior. La polémica volvió a cobrar fuerza esta semana tras la preadjudicación de la concesión a la empresa belga Jan de Nul, que ya había operado el sistema durante décadas. Para Julio César Urien, presidente de la Fundación Interactiva para Promover la Cultura del Agua, el proceso estuvo rodeado de cuestionamientos desde su origen. "No han participado las provincias, se denunciaron irregularidades y no existen estudios de impacto ambiental suficientes", sostuvo en La Cabeza y el Sombrero de Radio Independencia. Aun así, señaló, el proceso siguió adelante y podría quedar definitivamente cerrado en cuestión de días.
La polémica volvió a cobrar fuerza esta semana tras la preadjudicación de la concesión a la empresa belga Jan de Nul, que ya había operado el sistema durante décadas. Para Julio César Urien, presidente de la Fundación Interactiva para Promover la Cultura del Agua, el proceso estuvo rodeado de cuestionamientos desde su origen. "No han participado las provincias, se denunciaron irregularidades y no existen estudios de impacto ambiental suficientes", sostuvo en La Cabeza y el Sombrero de Radio Independencia. Aun así, señaló, el proceso siguió adelante y podría quedar definitivamente cerrado en cuestión de días.
La discusión excede largamente los aspectos administrativos. Urien insiste en que la llamada Hidrovía no es otra cosa que el río Paraná convertido en una arteria clave del comercio mundial. Por allí circula buena parte de las exportaciones argentinas y también mercancías provenientes de países vecinos. "Sale el 80 por ciento del comercio exterior argentino y cerca del 50 por ciento de la proteína vegetal del mundo", remarcó. Por eso considera que la concesión representa "una entrega de soberanía", al dejar en manos privadas y extranjeras el control de una infraestructura estratégica.
Entre las principales preocupaciones aparece el impacto ambiental. El nuevo esquema contempla profundizar el dragado desde los actuales 34 pies hasta 42 pies. Traducido al lenguaje cotidiano, significa remover millones de toneladas adicionales del lecho del río. Para quienes cuestionan la iniciativa, esa decisión puede alterar corrientes, afectar humedales y modificar ecosistemas que sostienen la vida de miles de comunidades ribereñas. "Se va a profundizar un dragado que afecta a los humedales y a los sectores populares vinculados al río", advirtió.
La mirada crítica también apunta hacia la ausencia de una estrategia nacional para recuperar el control de la navegación. En ese punto reaparece una vieja discusión: el Canal Magdalena. Según Urien, la profundización del Canal Punta Indio consolida la dependencia de los puertos uruguayos y posterga una salida directa al Atlántico bajo jurisdicción argentina. "Nos obliga a seguir pasando por Montevideo cuando podríamos tener una conexión propia", explicó.
Para provincias como Chaco, la preocupación adquiere además una dimensión concreta. Urien señaló que la licitación contempla el dragado de la vía principal, pero no el de los accesos a puertos provinciales como Barranqueras. En consecuencia, esas obras deberán ser afrontadas por las jurisdicciones locales. "Es como construir una autopista y dejar sin accesos a las ciudades", graficó.
La pregunta que atraviesa toda la discusión es por qué un tema de semejante magnitud permanece relativamente ausente del debate público. Urien cree que allí se libra otra batalla. "Hay una batalla cultural que no hemos ganado", afirmó. En su diagnóstico, la pérdida de centralidad del tema responde a una combinación de factores: el poder de los grandes grupos económicos involucrados, la concentración de los sistemas de comunicación y una sociedad atravesada por urgencias más inmediatas.
Sin embargo, quienes vienen siguiendo el tema desde hace años no parecen dispuestos a resignarse. Organizaciones ambientales, sindicatos, movimientos sociales y espacios vinculados a la defensa de los bienes comunes impulsan presentaciones judiciales, actividades de difusión y movilizaciones para intentar frenar o, al menos, cuestionar el proceso. "Lo que nos queda es generar conciencia y movilizar", resumió Urien.
Detrás de la discusión técnica sobre dragas, peajes y concesiones asoma una pregunta política de fondo: quién decide sobre el destino de los recursos estratégicos del país. Una pregunta que vuelve una y otra vez sobre las aguas del Paraná, aunque muchas veces permanezca lejos de las portadas y de las conversaciones cotidianas.
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Hay deudas que se toman para comprar una casa, un auto o hacer un negocio. Y hay otras, cada vez más frecuentes, que se toman para llegar a fin de mes. Para pagar la luz, viajar al trabajo, comprar comida. El problema empieza cuando esa cuenta no cierra y, detrás de una deuda que parecía transitoria, aparece la mora. Según planteó la diputada nacional por Unión por la Patria Kelly Olmos, esa realidad ya alcanza a 6 millones de familias y no puede ser leída como un simple desacuerdo entre quien debe y quien pretende cobrar.
Hay semanas que cambian el clima de una charla. La anterior había sido gris: todo indicaba que el Senado iba a convalidar la reforma de la ley de tierras. Esta vez Julieta Campo, diputada nacional por Unión por la Patria llega con otra lectura. "Es una demostración de que luchar sirve", dice apenas arranca la charla con La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia, y no suena a slogan sino a balance: la calle se movilizó, la dirigencia peronista trabajó voto por voto y el resultado —contra el pronóstico de la semana previa— fue el rechazo del capítulo que habilitaba la extranjerización de tierras.
La contadora y economista, Graciela Treber tiene ese don que escasea en tiempos de spot publicitario travestido de anuncio económico: explica lo técnico sin perder el rigor ni la temperatura política que ese tecnicismo esconde. En La Cabeza y el Sombrero de Radio Independencia, habló de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que el oficialismo empujó al Congreso, y fue directa desde el arranque: "la implicancia que tiene la reforma en sí significa volver a la carta orgánica que tenía el Banco Central anteriormente", la que "rigió incluso toda la época del 76 al 2012", redactada en sintonía con la Ley de Entidades Financieras que data "exactamente de ese gobierno de facto", con el Ministerio de Economía en manos de José Alfredo Martínez de Hoz.
Hay causas judiciales que se entienden mejor si uno deja el Código Penal en el cajón y abre, en cambio, el calendario electoral. La causa Vialidad es una de ellas, y llamarla "causa" ya es, en rigor, un acto de cortesía hacia un expediente que tiene más de operación que de Justicia. Julia Perié, presidenta del Observatorio de Relaciones Internacionales y ex diputada del Parlasur, fue categórica al analizar la presentación que hizo Cristina Fernández de Kirchner ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, pidiendo la revisión del proceso que la condenó: "la persecución a Cristina es una cuestión netamente política", dijo, sin matices, y no hizo falta que lo repitiera para que quedara instalado como el eje de toda la charla.
Un estudio nacional realizado por CEDES (Centro de Estudios de Estado y Sociedad) sobre una muestra representativa de 2.000 personas encontró que la sociedad argentina mantiene acuerdos sólidos en torno a género y derechos sexuales y reproductivos, más allá de la polarización que domina el debate público. La socióloga Silvina Ramos, investigadora de la institución, presentó los resultados en La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia.