Economía: Cuando el sueldo se convierte en deuda

15/06/2026 | 11 visitas
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Durante años, el endeudamiento estuvo asociado a proyectos. Un crédito para comprar una vivienda, un préstamo para ampliar un negocio, cuotas para cambiar el automóvil o refaccionar la casa. Hoy, para millones de argentinos, la deuda cumple otra función: llegar a fin de mes. La economista y contadora Graciela Treber sostiene que ese cambio resume buena parte de lo que ocurre debajo de los indicadores macroeconómicos que exhibe el Gobierno nacional. Mientras la administración de Javier Milei celebra la desaceleración de la inflación y la baja del riesgo país, crece la cantidad de familias que recurren al crédito para afrontar gastos corrientes. Comida, servicios, medicamentos o alquileres forman parte de una lista que antes se cubría con ingresos y ahora cada vez más se financia con deuda.


"Más de cinco millones de argentinos están fuertemente endeudados", advirtió la especialista en La Cabeza y el Sombrero de Radio Independencia.  A ese universo se suman quienes recurren a las billeteras virtuales para obtener préstamos rápidos cuando las puertas del sistema financiero tradicional comienzan a cerrarse. Son créditos más accesibles, pero también más caros. Una salida inmediata que muchas veces termina agravando el problema.

La imagen contrasta con el relato oficial sobre el ordenamiento de la economía. Treber cuestiona la idea de una macroeconomía saludable conviviendo con dificultades pasajeras en la vida cotidiana. A su entender, ambas dimensiones terminan conectándose. "Nos dicen que la macro está ordenada y que la micro ya se va a acomodar, pero eso no ocurre", señaló.

La economista observa que el salario se transformó en una de las principales herramientas para contener la inflación. El resultado es una desaceleración de los precios acompañada por una pérdida persistente del poder adquisitivo. Menos consumo, menos actividad comercial y más dificultades para sostener gastos básicos forman parte de la misma ecuación.

La referencia al pasado aparece inevitablemente. Treber recordó que la Argentina ya atravesó un escenario parecido durante los años de la convertibilidad. Entonces tampoco había inflación. Tampoco parecía haber sobresaltos cambiarios. Pero debajo de esa estabilidad se acumulaban desempleo, endeudamiento y deterioro social. "En el año 2001 no había inflación y el pueblo argentino vivía mal", recordó.

El fenómeno no impacta solamente sobre las familias. También alcanza a las pequeñas y medianas empresas. Muchas recurren al crédito de corto plazo para cubrir costos operativos, pagar salarios o comprar insumos. El problema, según explicó, es que cuando el endeudamiento deja de financiar inversiones y pasa a sostener la supervivencia cotidiana, comienza a erosionar las posibilidades futuras de crecimiento.

"Ninguna baja de impuestos suplanta la necesidad de ventas", resumió. La frase apunta al corazón de la discusión económica. Para las pymes, el problema central no es únicamente la presión fiscal. Es la caída del consumo. Sin clientes, los alivios tributarios pierden capacidad para revertir la situación.

La consecuencia aparece en las estadísticas empresariales. Treber advirtió sobre el cierre de miles de pequeñas y medianas empresas desde el inicio de la actual gestión y anticipó que la tendencia podría profundizarse si las condiciones económicas no cambian. Menos actividad implica menos empleo y menos empleo implica, a su vez, una mayor retracción del mercado interno.

Incluso algunas consultoras internacionales que suelen ser observadas con atención por los mercados financieros comenzaron a encender señales de alerta. La economista citó informes que advierten sobre el crecimiento de la mora en familias y empresas. Una advertencia que cuestiona la posibilidad de sostener indefinidamente una recuperación apoyada sobre indicadores financieros mientras se deteriora la capacidad de pago de quienes sostienen la economía real.

Para Treber, el endeudamiento no es un problema en sí mismo. Lo preocupante es para qué se utiliza. Cuando una familia toma un crédito para mejorar su vivienda o una empresa para ampliar su producción, la deuda puede convertirse en una herramienta de desarrollo. Cuando se usa para comprar alimentos, pagar las facturas de servicios públicos -"cada vez menos públicos"- o cubrir gastos indispensables, la situación es muy distinta.

Detrás de los números aparece una transformación silenciosa. El aguinaldo que antes servía para concretar proyectos, viajar o realizar una compra importante hoy, en muchos hogares, tiene otro destino. Cancelar cuotas, cubrir vencimientos y ganar algo de tiempo frente a una economía que obliga a cada vez más argentinos y argentinas a vivir adelantando el futuro para pagar el presente.


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