El agua tiene memoria, aunque las ciudades a veces parezcan empeñadas en perderla. En Resistencia hubo marcas en los postes que indicaban las cotas de inundación, protocolos que ayudaban a entender qué podía pasar y una experiencia acumulada después de episodios que dejaron a la ciudad bajo agua. Algunas de esas herramientas desaparecieron y otras nunca terminaron de convertirse en políticas permanentes. Ahora, con el fenómeno de El Niño como escenario cercano, el Colegio Profesional de Arquitectura y Urbanismo de la Provincia del Chaco, vuelve a plantear una discusión que excede largamente a la próxima lluvia: cómo se prepara una ciudad que sabe, por experiencia propia, que es vulnerable. “Con fenómeno del Niño o sin fenómeno del Niño nosotros vivimos en una ciudad vulnerable”, resumió su presidenta, Daniela Petrucci, en La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia.
Petrucci contó que el Colegio viene desarrollando desde fines de julio un ciclo de charlas con especialistas de distintas disciplinas y que, a partir de esos encuentros, comenzaron a aparecer algunas recomendaciones que pueden parecer pequeñas frente a la dimensión del problema, pero que apuntan justamente a lo que suele faltar cuando llega una emergencia: información.
Recordó las inundaciones de 1983 y 1984, cuando se combinaron la creciente del Paraná, lluvias en el interior, la crecida del río Negro y la rotura del dique de contención, con el agua llegando hasta Liniers y Catamarca. Después de aquella experiencia, en los años '90, se marcaron en los postes de alumbrado las cotas de la ciudad. La gente podía saber, aproximadamente, qué altura alcanzaba el agua ante un determinado fenómeno. “Una de las cosas que podríamos llegar a recomendar es volver a marcar esas cotas y que esas cotas queden”, planteó. No es un detalle menor: saber dónde empieza el riesgo permite saber también qué hacer antes de que el riesgo llegue.
La discusión que propone el Colegio va, justamente, en dirección contraria a la lógica de esperar el desastre para empezar a organizarse. Petrucci tomó una reflexión del lic. Luis Romero para señalar que hay ciudades que, por convivir históricamente con terremotos, huracanes u otros fenómenos adversos, tienen protocolos permanentes y mantienen informada a la población. Resistencia debería hacer algo parecido con el agua.
“Deberíamos tener en forma constante esto”, sostuvo, y hasta planteó que podría enseñarse en las escuelas para que las nuevas generaciones incorporen herramientas de prevención. En ese esquema aparece una propuesta central: crear un comité permanente que articule organismos, profesionales y sociedad. No para reemplazar al Estado ni para sumar burocracia, sino para que cada uno sepa qué tiene que hacer cuando las previsiones dejan de ser previsiones.
Petrucci insiste en que informar no significa sembrar miedo. “Si la población sabe, si la población está informada, si la población tiene elementos y herramientas de autopreservación, el fenómeno que pueda llegar a ocurrir puede no ser tan catastrófico”, explicó. Y allí aparece una de las claves de la entrevista: la prevención no consiste solamente en construir obras, sino también en construir conocimiento sobre el territorio.
El Colegio, sin embargo, todavía no recibió una devolución formal de los organismos estatales respecto de sus propuestas. Petrucci dijo que sí observa “un movimiento, una búsqueda de tratar de informar”, pero también coincidió en que algunas respuestas parecen avanzar más lentamente que el escenario que se aproxima. “Nosotros como colegio podemos hacer esto. No tenemos la capacidad de la ejecutividad”, marcó. Esa diferencia entre advertir y ejecutar es importante: los arquitectos pueden reunir especialistas, producir recomendaciones y generar ese “ruido” que, según la propia Petrucci, busca movilizar a la población y a los organismos. Pero las decisiones sobre prevención requieren otra escala.
Y hay una discusión todavía más profunda, que será precisamente el eje de la próxima jornada del Colegio: cómo se construye una ciudad vulnerable. Petrucci lo planteó sin rodeos al hablar de las lagunas que se rellenan para convertirlas en terrenos disponibles. “El terreno es un bien de uso, pero aparte es un bien de cambio”, explicó, y de allí surgen conflictos de intereses.
Cuando ese territorio vulnerable se modifica, el impacto no queda encerrado en el lote que se rellenó: desaparece un reservorio de agua y el problema pasa a ser de toda la ciudad. “Es un conflicto ambiental, un conflicto para toda la población”, advirtió. El 8 de octubre, el ciclo continuará con el arquitecto Eduardo Reese para abordar justamente los conflictos territoriales. Porque, en definitiva, la pregunta que deja esta discusión sobre El Niño es bastante más incómoda que cuánto va a llover: es qué ciudad construimos, qué sabemos de ella y cuánto estamos dispuestos a hacer antes de que sea el agua la que vuelva a explicárnoslo.
En el canal de Youtube del Colegio pueden verse y repasar las jornadas del ciclo "La ciudad que habitamos".
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Enrique Urien sabe lo que significa quedar bajo agua. En 2019, la localidad pasó cinco meses aislada y hoy vuelve a prepararse para un escenario con El Niño que, según advierten especialistas, podría traer lluvias más intensas y mayores volúmenes de agua en distintas zonas de la provincia. La intendenta Liliana Pascua reclama que la prevención no quede atrapada en reuniones, comités y declaraciones de emergencia: “acá lo que hay que hacer es ponerse a trabajar”. En una comunidad pequeña, con recursos municipales limitados y una ubicación particularmente expuesta, la discusión sobre quién debe hacer qué deja de ser una cuestión administrativa cuando el agua empieza a avanzar.
A más de tres meses de la desaparición de Axel González, la investigación judicial sigue sin encontrar una pista certera sobre su paradero. La causa continúa en etapa de investigación y, mientras tanto, la familia sigue esperando respuestas. “Nos preocupa que la causa está bastante frenada”, sostuvo la abogada, Romina Duarte, vicepresidenta del Comité de Prevención de la Tortura del Chaco, que interviene como querellante institucional.
La declaración de una Emergencia Hídrica suele tener algo de carrera contra el reloj. El agua no espera los tiempos de la política, pero las decisiones para enfrentarla sí necesitan reglas, controles y coordinación. Ese fue el planteo de la concejala por el bloque CER, Soledad Villagra frente al debate que atravesó en estas semanas al Concejo Municipal de Resistencia, donde el oficialismo y la oposición terminaron votando despachos diferentes sobre el proyecto impulsado por el Ejecutivo municipal. Finalmente, la Emergencia fue aprobada este martes.
A una nena con gripe le dan el ibuprofeno en jeringa si tiene menos de dos años, en tapita si tiene más. Es un detalle menor, casi doméstico, hasta que Katia Blanc lo cuenta al aire y revela que en Chaco esa diferencia depende de si hay dosis suficiente para que la familia se vaya con la medicación a casa o no. En Villa Ángela, agrega, hay chicos con fracturas a los que entablillan con cartón y gasa porque no hay insumos. La diputada provincial por el Frente Renovador, integrante del bloque Frente Chaqueño, habló en Radio Independencia, en La Cabeza y el Sombrero, sobre el proyecto que presentó la semana pasada en la Legislatura chaqueña: que los fondos liberados por la suspensión de las PASO -de aprobarse- se destinen, de manera obligatoria y en su totalidad, a la guardia, la farmacia y las cirugías del Hospital Pediátrico.
Una escena se repite en la terapia intensiva del Hospital Perrando y casi nadie la ve: un enfermero corriendo entre tres o cuatro camas cuando el protocolo dice que debería haber uno por paciente. A las tres de la mañana, ese guardapolvo verde es la primera atención que recibe el paciente crítico: maneja la vía aérea, calcula el goteo de drogas inotrópicas, sostiene la presión intracraneana de alguien que se le puede ir entre las manos. Eso, en el sistema de salud del Chaco, no cotiza. Eso, dice Daniel Antunes, ni siquiera se reconoce como práctica profesional compleja.