El agua tiene memoria. Las ciudades, a veces, también. El Niño nos obliga a repensar el pasado. Y en Resistencia hay una historia que vuelve a cobrar sentido cada vez que aparece la posibilidad de una crecida importante o de lluvias extraordinarias. El arquitecto y doctor en Antropología Social, Hábitat, Ciudad y Territorio Miguel Barreto estudió las inundaciones del Gran Resistencia de 1982-83 mientras la propia crisis todavía estaba ocurriendo.
Aquel trabajo, que luego profundizó en el marco de su incorporación al sistema científico y al CONICET, permite mirar el presente desde una experiencia que cambió para siempre la ciudad. No se trata solamente de recordar una inundación: aquella emergencia terminó impulsando las obras del sistema de defensa que hoy protege al área metropolitana y también modificó la forma en que Resistencia se expandió.
La diferencia entre aquella ciudad y la actual es importante y Barreto la señala desde el comienzo en su charla con La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia. Hoy existe un sistema de defensa, estaciones de bombeo, lagunas y canales que permiten evacuar el agua. Pero ninguna obra puede borrar las características de un territorio que fue habitado desde el principio en condiciones complejas. Resistencia fue trazada sobre una zona relativamente alta, alrededor del centro histórico, pero después se extendió hacia las terrazas bajas de los ríos y riachos.
Y hubo otra transformación menos visible: durante décadas se rellenaron lagunas y se modificó el suelo natural. El problema es que el agua no necesariamente acepta esas modificaciones. “Tenemos que convivir con ciertos niveles de constante vulnerabilidad y de riesgo”, explica Barreto. Las antiguas lagunas pueden haber desaparecido del paisaje, pero cuando llueve intensamente vuelven, de algún modo, a cumplir la función para la que estaban allí.
El antecedente de 1982-83 permite entender por qué la combinación de fenómenos es lo verdaderamente preocupante. Aquella crecida fue la mayor registrada en el siglo XX y el río permaneció durante meses en niveles extraordinariamente altos. La ruptura del dique de contención hizo que el agua ingresara prácticamente hasta la plaza central de Resistencia y durante siete u ocho meses la ciudad convivió con sucesivas subidas y bajadas.
Hubo población que debió ser relocalizada desde los barrios cercanos al río Negro hacia el sur del área metropolitana. Barreto recuerda, además, un dato que resulta casi estremecedor por lo que permite imaginar: cuando finalmente se produjo la ruptura, el río había bajado unos 50 centímetros después de permanecer durante meses en niveles muy elevados. “Si la ruptura del dique hubiera sido dos o tres meses antes, realmente tendríamos que evacuar todas las ciudades”, sostiene.
La situación actual, entonces, no es la misma, pero tampoco habilita a pensar que el problema quedó resuelto. El sistema tiene que funcionar de manera permanente: estaciones de bombeo, canales y lagunas deben estar en condiciones para que el agua pueda ser evacuada. Y el escenario más crítico aparece cuando coinciden una crecida extraordinaria y lluvias intensas, como ocurrió durante aquella crisis.
Barreto identifica sectores particularmente vulnerables en las cuencas bajas del río Negro, en las poblaciones cercanas a las lagunas y en distintos puntos del sur del área metropolitana, donde además existen problemas vinculados con la infraestructura de escurrimiento. Barranqueras y Puerto Vilelas también forman parte de ese territorio expuesto.
Por eso, cuando se habla de El Niño, quizá la pregunta más importante no sea solamente cuánto va a llover, sino qué capacidad tenemos para convivir con un territorio que nunca dejó de ser vulnerable. “Hay que estar muy alertas y muy preparados”, plantea Barreto. Y esa preparación no consiste únicamente en levantar defensas: también supone recordar por qué fueron necesarias.
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La crecida del río Paraná ya estaba anunciada y el escenario exige preparación, información accesible y medidas preventivas que no esperen a que el agua llegue a las zonas habitadas. Luis Romero, geógrafo, observador meteorológico de superficie y titular de InfoMet Chaco, advirtió en La Cabeza y el sombrero, de Radio Independencia, que el pico de esta creciente podría llevar el nivel del río en el puerto de Barranqueras a los 7,50 metros, por encima de la cota de evacuación de siete metros. Pero el problema no termina con el máximo de esta onda: según explicó, el episodio forma parte de un escenario hidrológico que podría prolongarse entre nueve y diez meses. “Hoy creo que nadie puede caer en la ingenuidad de decir que esto no se sabía”, afirmó. La advertencia pone sobre la mesa una cuestión central: cuánto tiempo existe para anticiparse y cómo se utiliza.
El 85% de Tres Isletas quedó bajo agua durante la inundación histórica del año pasado. En abril de este año, las lluvias volvieron a complicar a familias de barrios bajos y a habitantes de colonias y parajes rurales. Con ese antecedente, la intendenta Marcela Duarte describió el despliegue municipal ante la posibilidad de una nueva temporada de precipitaciones intensas asociada al fenómeno de El Niño. La lista de tareas incluye limpieza de canales, defensas, colocación de tubos de hormigón, nivelación de calles y compra de bombas para desagotar los sectores más comprometidos. “Desde nuestro lugar no descansamos, la verdad que venimos trabajando mucho”, aseguró en La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia. Pero la magnitud del problema excede el mantenimiento cotidiano: entre 10 y 12 barrios están asentados en zonas inundables.
“Es muy feo, deprimente, tener agua dentro de tu casa y no poder hacer nada”. Raúl Gutiérrez, presidente de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Puerto Tirol, no habla de la inundación de 1982 por referencias ajenas. Vivía entonces cerca del río Negro y el agua le llegó hasta dentro de la vivienda: entre 80 centímetros y un metro. Tuvo que salir con lo puesto, perdió electrodomésticos, muebles, fotografías y recuerdos familiares. Cuarenta y tres años después, ante los pronósticos que anticipan una temporada de lluvias y crecidas potencialmente extraordinarias, busca que esa experiencia sirva para algo más que alimentar el temor. “Lo que queremos hacer nosotros es que no los tome por sorpresa”, explicó en La Cabeza y el Sombrero, por Radio Independencia.
La discusión por 88 horas cátedra terminó convirtiéndose en una disputa mucho más profunda en la Escuela de Gestión Pública y Social N.º 1 Héroes Latinoamericanos. Durante un festival realizado en defensa de la educación y de los puestos de trabajo, Marcelo Molodezky, docente e integrante del Consejo Directivo de la institución, cuestionó la decisión del Ministerio de Educación de desafectar esas horas sin permitirle a la comunidad educativa presentar un plan de adecuación. “Lo único que estamos pidiendo es que se cumpla” la Ley de Gestión Social, resumió en La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia.
Barranqueras se prepara para un fenómeno cuyo impacto todavía nadie puede medir con precisión. El director de Protección Civil municipal, José Belle, contó en La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia, que el Municipio viene trabajando desde marzo y que ya presentó su plan director ante el Gobierno provincial, pero también dejó planteados algunos reparos sobre la articulación con la Provincia. Hay pedidos de intervención a la Administración Provincial del Agua (APA) que, según relató, comenzaron a tener respuesta recién después de una reunión con el ministro de Gobierno, Carim Peche. Y frente al relevamiento solicitado por la Subsecretaría de Municipios, fue todavía más directo: pidió una reunión formal por la sensibilidad de los datos requeridos y no obtuvo respuesta.