“Es muy feo, deprimente, tener agua dentro de tu casa y no poder hacer nada”. Raúl Gutiérrez, presidente de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Puerto Tirol, no habla de la inundación de 1982 por referencias ajenas. Vivía entonces cerca del río Negro y el agua le llegó hasta dentro de la vivienda: entre 80 centímetros y un metro. Tuvo que salir con lo puesto, perdió electrodomésticos, muebles, fotografías y recuerdos familiares. Cuarenta y tres años después, ante los pronósticos que anticipan una temporada de lluvias y crecidas potencialmente extraordinarias, busca que esa experiencia sirva para algo más que alimentar el temor. “Lo que queremos hacer nosotros es que no los tome por sorpresa”, explicó en La Cabeza y el Sombrero, por Radio Independencia.
La campaña de prevención que impulsa el cuartel parte de una idea concreta: una emergencia no empieza cuando el agua entra en la casa, sino cuando todavía hay tiempo para organizarse. En especial, quienes viven en zonas bajas deberían saber adónde llevar sus pertenencias, qué pueden elevar y dónde refugiarse si deben abandonar la vivienda. También hay que prever qué hacer con los animales. “Si uno lo hace con tiempo, es mejor para todos”, insistió Gutiérrez. No se trata de que cada familia resuelva por su cuenta un problema colectivo, sino de evitar que la falta de previsión agrave una situación que ya puede ser crítica. Llegar a una escuela o un club cuando el agua avanzó, sin haber podido rescatar nada, es una alternativa muy distinta de organizar una salida anticipada.
El recuerdo de 1982 explica la urgencia, pero los pronósticos por sí solos no alcanzan para saber qué ocurrirá en cada localidad o barrio. Por eso, Gutiérrez pidió consultar los canales oficiales y recurrir a la Administración Provincial del Agua, los municipios y las áreas de Defensa Civil para conocer los antecedentes y la exposición de cada zona. La asociación también convoca a organizaciones que puedan colaborar durante una emergencia: agrupaciones con experiencia náutica, grupos solidarios para reunir ropa y alimentos y profesionales que puedan brindar apoyo psicológico. A eso se suma la coordinación con Secheep para monitorear situaciones en las que sea necesario interrumpir el suministro eléctrico. La prevención, en este caso, no consiste solamente en repartir recomendaciones, sino en preparar una respuesta que involucre a distintos actores antes de que haya que salir a rescatar familias.
Pero hay otra parte de la emergencia que no se resuelve con anticipación doméstica: los recursos para quienes deben intervenir cuando el agua avanza. Gutiérrez denunció que los bomberos voluntarios todavía esperan fondos correspondientes a los últimos meses de 2025, previstos en el sistema de subsidios establecido por la Ley 25.054. Según explicó, el dinero que no cobran algunas instituciones se redistribuye entre aquellas que están en condiciones administrativas de recibirlo. Mientras tanto, el retraso reduce la capacidad de compra y mantenimiento de los cuarteles. “Hoy esos 60 millones que nos están adeudando el año pasado serían 30 millones, 35 millones”, señaló, al describir la pérdida de poder adquisitivo de los fondos.
La deuda no es una discusión contable para quienes sostienen el servicio. Gutiérrez enumeró las necesidades cotidianas: combustible, lubricantes, baterías, equipamiento y mantenimiento de los vehículos. También advirtió que las empresas, golpeadas por su propia situación económica, tienen cada vez menos margen para colaborar. “No hay que ser muy tonto para darse cuenta de que el dinero no alcanza”, dijo. La advertencia pone en evidencia una contradicción: mientras se reclama a la población que se prepare para un fenómeno que puede exigir una respuesta extraordinaria, los cuarteles deben sostener su capacidad operativa con fondos demorados y aportes privados cada vez más difíciles de conseguir.
La campaña de Puerto Tirol intenta ganar tiempo frente a una amenaza que todavía depende de cómo evolucionen las condiciones meteorológicas e hidrológicas. No hay que convertir los pronósticos en certezas, pero tampoco esperar a que el agua confirme el riesgo para empezar a actuar. La experiencia de Gutiérrez muestra lo que puede perder una familia cuando la inundación la encuentra sin margen de maniobra; su reclamo por los subsidios recuerda que la respuesta tampoco depende exclusivamente de la conducta individual. Informarse, preparar una evacuación y proteger los bienes son medidas necesarias. Que los bomberos puedan responder cuando llegue el momento también lo es.
La crecida del río Paraná ya estaba anunciada y el escenario exige preparación, información accesible y medidas preventivas que no esperen a que el agua llegue a las zonas habitadas. Luis Romero, geógrafo, observador meteorológico de superficie y titular de InfoMet Chaco, advirtió en La Cabeza y el sombrero, de Radio Independencia, que el pico de esta creciente podría llevar el nivel del río en el puerto de Barranqueras a los 7,50 metros, por encima de la cota de evacuación de siete metros. Pero el problema no termina con el máximo de esta onda: según explicó, el episodio forma parte de un escenario hidrológico que podría prolongarse entre nueve y diez meses. “Hoy creo que nadie puede caer en la ingenuidad de decir que esto no se sabía”, afirmó. La advertencia pone sobre la mesa una cuestión central: cuánto tiempo existe para anticiparse y cómo se utiliza.
El 85% de Tres Isletas quedó bajo agua durante la inundación histórica del año pasado. En abril de este año, las lluvias volvieron a complicar a familias de barrios bajos y a habitantes de colonias y parajes rurales. Con ese antecedente, la intendenta Marcela Duarte describió el despliegue municipal ante la posibilidad de una nueva temporada de precipitaciones intensas asociada al fenómeno de El Niño. La lista de tareas incluye limpieza de canales, defensas, colocación de tubos de hormigón, nivelación de calles y compra de bombas para desagotar los sectores más comprometidos. “Desde nuestro lugar no descansamos, la verdad que venimos trabajando mucho”, aseguró en La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia. Pero la magnitud del problema excede el mantenimiento cotidiano: entre 10 y 12 barrios están asentados en zonas inundables.
El agua tiene memoria. Las ciudades, a veces, también. El Niño nos obliga a repensar el pasado. Y en Resistencia hay una historia que vuelve a cobrar sentido cada vez que aparece la posibilidad de una crecida importante o de lluvias extraordinarias. El arquitecto y doctor en Antropología Social, Hábitat, Ciudad y Territorio Miguel Barreto estudió las inundaciones del Gran Resistencia de 1982-83 mientras la propia crisis todavía estaba ocurriendo.
La discusión por 88 horas cátedra terminó convirtiéndose en una disputa mucho más profunda en la Escuela de Gestión Pública y Social N.º 1 Héroes Latinoamericanos. Durante un festival realizado en defensa de la educación y de los puestos de trabajo, Marcelo Molodezky, docente e integrante del Consejo Directivo de la institución, cuestionó la decisión del Ministerio de Educación de desafectar esas horas sin permitirle a la comunidad educativa presentar un plan de adecuación. “Lo único que estamos pidiendo es que se cumpla” la Ley de Gestión Social, resumió en La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia.
Barranqueras se prepara para un fenómeno cuyo impacto todavía nadie puede medir con precisión. El director de Protección Civil municipal, José Belle, contó en La Cabeza y el Sombrero, de Radio Independencia, que el Municipio viene trabajando desde marzo y que ya presentó su plan director ante el Gobierno provincial, pero también dejó planteados algunos reparos sobre la articulación con la Provincia. Hay pedidos de intervención a la Administración Provincial del Agua (APA) que, según relató, comenzaron a tener respuesta recién después de una reunión con el ministro de Gobierno, Carim Peche. Y frente al relevamiento solicitado por la Subsecretaría de Municipios, fue todavía más directo: pidió una reunión formal por la sensibilidad de los datos requeridos y no obtuvo respuesta.