José Murad se define como estudiante crónico. Abogado, periodista, docente, integrante de la Coalición por una Comunicación Democrática y ahora estudiante de inteligencia artificial aplicada a la educación. "Me agarró un poco tarde el ánimo del estudio y la investigación", admitió en La cabeza y el sombrero, de Radio Independencia, aunque su recorrido por la abogacía, el periodismo, la docencia y la historia sugiere todo lo contrario. Lo que últimamente lo impactó fue el uso de la inteligencia artificial, y más específicamente, cómo se integra —o no— al ámbito educativo.
El dato que arrojó para dimensionar el fenómeno es contundente: el entrenamiento del Chat GPT requirió tanta energía como la necesaria para alimentar una casa promedio de cuatro habitantes durante 23 años. Hoy, el consumo de energía de las plataformas de inteligencia artificial equivale al de un país pequeño como Uruguay o una provincia argentina de entre 3,5 y 5 millones de personas.
¿Dónde se gasta esa energía? En máquinas que procesan enormes cantidades de datos a velocidades vertiginosas, generando tanto calor que requieren refrigeración constante con agua. "Es una red neuronal que funciona al estilo del cerebro humano, con un montón de conexiones entre máquinas que procesan datos. Todo eso tiene que estar alimentado con electricidad", explicó Murad.
Pero el costo energético no es el único problema. También está el costo cognitivo. Murad confirmó lo que muchos temen: estudios sobre el comportamiento neuronal indican que el uso del cerebro se vuelve más limitado cuanto más se recurre a la inteligencia artificial. "Esto que en principio es maravilloso también tiene sus consecuencias. En algún momento alguien deberá ver cuáles son los beneficios y el riesgo que implica", advirtió.
La metáfora que usó para describir la relación entre la educación y la inteligencia artificial fue reveladora: "nosotros vendríamos a hacer el coyote. Siempre llegamos tarde y llegamos mal. La velocidad del desarrollo de la inteligencia artificial es infinitamente más veloz que ponernos de acuerdo para sancionar una ley".
Entonces, ¿qué enseñar? Murad admitió no tener una respuesta única, pero planteó el dilema central: la mayoría de la gente ya usa inteligencia artificial, entonces, ¿tiene sentido seguir enseñando historia, matemática, física de la misma manera? "Es una discusión en la que yo por lo menos no tengo respuesta, pero hay un montón de países en el mundo que están replanteándose la forma en que brindan contenidos educativos", reconoció.
Lo que sí tiene claro es un criterio de la UNESCO que considera fundamental: conservar el rol del docente humano. "Es irremplazable. La inteligencia artificial no sabe cuáles son las condiciones del alumno, si pudo estudiar, si tiene acceso a tecnología, a internet, a energía eléctrica. El docente es una figura central que articula a la inteligencia artificial como herramienta", subrayó.
El problema es que no hay formación específica para los docentes en el uso de estas herramientas, y muchos terminan empleando la inteligencia artificial como un simple buscador de Google, sin revelar su enorme capacidad. Murad también alertó sobre los riesgos que quedan ocultos detrás de la fascinación: el uso de datos personales, el reconocimiento facial, la posibilidad de seguir a una persona por distintas cámaras alrededor del mundo.
"Es como el árbol que tapa el bosque. Por detrás de la inteligencia artificial hay un montón de riesgos", dijo. Y mencionó experimentos que revelan los dilemas éticos del entrenamiento de estas plataformas: algunas responderían que sí matarían a una persona para lograr la paz mundial; otras, que no. Y todas pueden ser engañadas para desplazarse de sus limitaciones éticas si se les pide correctamente.
Murad empezó a estudiar inteligencia artificial en abril del año pasado. En diciembre cursó su tercera diplomatura. La evolución en ese tiempo fue tan grande que lo único que queda como permanente, según él, son los principios generales que intentan resguardar el uso ético de la tecnología. Días antes de la entrevista, había salido una inteligencia artificial china capaz de generar películas a partir de un diálogo coloquial. "Es una locura", resumió.
Y cerró con una advertencia sobre Argentina: el rastreo de redes sociales con inteligencia artificial está prohibido en la Unión Europea, especialmente para gobiernos que podrían clasificar a ciudadanos como peligrosos por su expresión ideológica. "En la Argentina es muy fácil de hacer. Y además está legitimado que se haga", cerró.
La machósfera tiene nombre de fenómeno reciente, de criatura nacida en algún rincón de internet y alimentada por algoritmos. Pero para Mariela Fogar, profesora en Filosofía, docente e investigadora, la historia es bastante más vieja. Lo novedoso no es el machismo que circula allí, sino las herramientas disponibles para multiplicarlo, organizarlo y convertirlo en una forma de construcción de subjetividad. A partir de un informe de Zuban-Córdoba & Asociados sobre la llamada machósfera, la conversación se abrió hacia los incels, las tradwives, las nuevas derechas, el papel de las plataformas y una pregunta incómoda: quiénes están construyendo hoy las ideas con las que pensamos el mundo.
El fenómeno de El Niño ya se instaló y las proyecciones indican que podría alcanzar una intensidad fuerte o muy fuerte durante los próximos meses. Pero entre la advertencia y el alarmismo hay una diferencia que, para los especialistas, conviene no perder de vista. El ingeniero Alejandro Ruberto, del Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la UNNE, pidió “bajarle unos decibeles” a la idea de un “Superniño” y concentrarse en algo bastante más concreto: prepararse.
Cada 1° de agosto, miles de personas vuelven a cumplir un ritual que llegó desde la cultura guaraní y que, lejos de perder vigencia, encuentra nuevos adeptos. Los tres tragos de caña con ruda, tomados en ayunas, forman parte de una tradición que se arraigó con fuerza en el nordeste argentino y que hoy trasciende las fronteras de la región. Para el licenciado en Periodismo e historiador Ariel Coronel, la costumbre "forma parte de la cultura guaraní" y llegó al Chaco con las migraciones correntinas y paraguayas de principios del siglo XX.
A menos de un mes del inicio de la Bienal Internacional de Escultura 2026, la cuenta regresiva ya se vive en cada rincón de la organización. Con los mármoles llegados desde San Juan, el acero listo en los talleres y la programación artística completamente presentada, la Fundación Urunday transita las semanas previas a un evento que volverá a transformar a Resistencia en uno de los grandes escenarios del arte público mundial. “El 17 de julio es la fecha anhelada, la fecha que nos pone ansiosos”, resumió el presidente de la entidad, José Eidman a La Cabeza y el Sombrero de Radio Independencia.
Una propuesta ciudadana impulsa abrir el debate sobre una redistribución del calendario escolar sin recortar días de descanso. El planteo sugiere acortar el receso de verano y distribuir las vacaciones en distintos momentos del año con objetivos pedagógicos, culturales y económicos, a fin de mejorar hábitos, aprendizajes y organización familiar.